jueves, 21 de diciembre de 2017

Póstumo

Póstumo
Para Alan Ball
Si decide contratar nuestros servicios, uno de nuestros mejores asesores se pondrá en contacto con usted para orientarlo en la elaboración de su carta de suicidio. Porque no basta con el deseo, el convencimiento o la necesidad de dejar una nota póstuma, hay que saber hacerla para que el mensaje llegue con eficacia. Se ha dado el caso de suicidas famosos (encontrará adjunto algunos ejemplos) que redactaron cartas con las mejores intenciones de reconciliación y catarsis, pero al no contar con la información, los recursos técnicos ni la metodología apropiada, arruinaron su propósito generando daños colaterales irreparables, malentendidos que se hubieran podido evitar de contar con un servicio como el que hoy nos permitimos ofrecerle. Sin ir más lejos, el 74.8% de los lectores no logran descifrar la caligrafía del suicida. Allí entramos nosotros. Descartamos el uso de máquinas de escribir, ordenadores y la tipografía estandarizada de fuentes digitales. Recomendamos la caligrafía a mano, para personalizar la experiencia, aunque tenemos claro que existen circunstancias adversas, además del analfabetismo (completamente respetable), que conducen a la trampa de lo digital o del abstencionismo. Para la inconformidad con la caligrafía personal (titubeo a la hora de trazar una Q, una P o una W, estadísticamente hablando las letras más difíciles de dibujar) ponemos a su disposición un tutor especializado capaz de asesorarlo para que su caligrafía sea legible sin perder un ápice de sello autoral. En caso de que usted guste de la escritura manuscrita pero para el momento de la redacción se encuentre impedido por amputaciones, atrofias o cualquier limitación temporal, contamos con un escritor fantasma entrenado para absorber su estilo caligráfico, sus modismos y sus errores más frecuentes, tras estudiar minuciosamente textos previos suyos. Si usted no maneja diarios, bitácoras, memorias ni ningún otro formato personalizado, nos conformamos con escritos menores: listas para hacer mercado, tarjetas navideñas, formularios de cualquier índole.
Descartamos también el video y el audio como recursos para elaborar misivas póstumas.  El 97.4% de los suicidas que utilizan estos soportes cierran el mensaje registrando sus propios decesos, con el fin de alardear de cierto método vanguardista o simplemente para dejar constancia de que fueron capaces de cristalizar sus planes. A pesar de que dichos materiales tienen acogida en ciertos mercados de culto, la mayoría de los familiares suelen destruirlos o impedir su circulación, arruinando por completo sus intenciones de explicitud y exhibicionismo. Además, estudios recientes demuestran que la memoria post mórtem del allegado al suicida es falaz y tiende a privilegiar aquellos recuerdos que cuentan con soporte documental, ligados a acciones contundentes; de manera que sin importar lo lírico o elaborado que sea el resto del mensaje, sus destinatarios sólo recordarán ese cierre visceral. Por eso nos permitimos realizar una recolección exhaustiva de todas sus imágenes (desde las habituales fotografías y videos familiares, hasta registros en cámaras de vigilancia de sitios públicos que visitó apenas una vez) con el fin de fortalecer el efecto dramático de la carta y encauzar todos los recuerdos y alusiones hacia la misma, sin desvíos de ninguna clase. No queremos que se contradigan ni maticen las características de ese personaje que concebiremos juntos, porque es claro que al liberar a su allegado de esos referentes tan directos que proporciona la imagen, no tendrá más remedio que remitirse a la nota póstuma y en consecuencia recordarlo más como al personaje-narrador de la carta que como a la persona que existió.
Inicialmente hacíamos las asesorías en nuestras oficinas centrales. El cliente solicitaba cita por teléfono o por correo electrónico, enviaba unos documentos, se estudiaba su caso y se le asignaba turno presencial. Salimos airosos de la moda suicida del 99, pero la del 2012 nos golpeó fuerte. La demanda de clientes rebasó nuestras proyecciones más optimistas y el tiempo que transcurría desde que se radicaba la solicitud hasta que se entregaba la versión definitiva de la carta, empezó a extenderse, llegando a completar periodos superiores al año. La competencia aprovechó la crisis para filtrar nuestra nómina, acceder a las bases de datos y abordar a nuestros clientes para disuadirlos de contratar nuestros servicios, convencerlos de que renunciaran al trámite de la carta, e incluso de que desistieran del suicidio. Tras recuperarnos de la crisis replanteamos toda nuestra estructura comercial y pensando únicamente en su bienestar, realizamos una importante alianza con la Secretaría de Gobierno. Nos brindaron asesoría y acceso a información clasificada para implementar el servicio a domicilio; estrategia que nos permite a nosotros, como empresa, brindar una asistencia más eficiente y personalizada, y a ellos, como institución pública, equilibrar estadísticas. Gracias a esta modalidad estamos en capacidad de percibir y analizar el entorno que habita cada cliente y a partir de elementos básicos (mobiliario, disposición de las habitaciones, bebida que ofrecen a nuestro asesor) hacer una lectura preliminar para tomar decisiones estéticas sobre la carta.
La primera decisión importante consiste en determinar la forma de muerte que se incluirá en el texto, que no necesariamente tiene que guardar correspondencia con el tipo de muerte que usted está en condiciones de propinarse. Si siempre quiso dar la impresión de un suicidio clase B4 (disparo con escopeta en boca) y así lo manifestó en la misiva, pero en el momento de intentarlo se acobardó y prefirió usar pastillas, nuestro equipo de forenses está en capacidad de montar una puesta en escena adecuada para que su proyecto inicial se vea reflejado ante los ojos de sus sobrevivientes. Así mismo, estamos en capacidad de modificar necropsias e informes forenses para que incluso en los registros legales más ortodoxos figure el tipo de muerte que usted deseó y no aquel que las vulgares e implacables circunstancias le permitieron. También es factible incluir en el informe forense que usted fue encontrado con signos vitales pero falleció en la ambulancia, en la puerta del hospital, en algún pasillo, o incluso varias semanas después, recurso que le permitirá dejar constancia de su intención suicida y al mismo tiempo complacer a aquellos familiares que prefieren una forma de muerte más cristiana.
Ante el fracaso con determinado tipo de muerte usted puede desaconsejarlo desde el texto para allanar el terreno de posibles continuistas. Porque es bastante probable que haya llegado al método idóneo vía ensayo y error, tras descartar otros procedimientos (por poco eficaces o por agónicos) y es altamente recomendable dejar registro del proceso entero de eliminación y búsqueda, para proyectar una imagen de tenacidad, empeño y persistencia, valores que se constituyen como un óptimo legado para sus hijos. También es factible aclarar en el texto que estos intentos fallidos tuvieron lugar en varias fechas puntuales que recomendamos esparcir con minuciosidad a lo largo de su línea vital. Podemos decir, por ejemplo, que ese fin de semana festivo que usted se ausentó del almuerzo familiar para acudir a una reunión laboral de última hora, en realidad fue usado para un intento de suicidio tipo F84 (ahogamiento) o tipo N21 (ahorcamiento), disimulado con eficacia al regresar, pocas horas más tarde, perfectamente seco o luciendo una bufanda que no se quitaría en público durante semanas. Aunque en un primer momento esta información generará una seguidilla de ataduras de cabos en ciertos familiares, quienes no dudarán en tildarlo de mentiroso, embustero y canalla; otros, más agudos y perspicaces, se atreverán incluso a defenderlo, resaltando la credibilidad y lo impecable de su interpretación.
En caso de que usted no haya estado nunca cómodo con su cuerpo y no se sienta a gusto dejándolo a merced de otros, lo invitamos a autorizarnos desaparecer el cadáver y justificar su ausencia desde la nota, insinuando, por el descuido caligráfico de las líneas finales, que se quedó usted sin tinta momentos antes de revelar la ubicación. Podemos hacerlo así o simplemente dejando caer, junto a la fecha de encabezado, el nombre de un lugar exótico (Montes Pirineos, Diciembre 15 de 2037) para que sus dolientes (no a la primera lectura) deduzcan que su cuerpo reposa allí y organicen una excursión para repatriarlo, ofreciendo de paso, a esa familia tacaña suya, una experiencia turística obligatoria e inolvidable de la que se abstuvieron en el pasado por “no contar con razones de fuerza mayor”.  Es importante mencionar el lugar únicamente en el encabezado, sin hacer ninguna referencia explícita en el cuerpo del texto, para que cuando su familia, después de gastarse los ahorros de varias generaciones en la infructuosa expedición, se abstenga de hacer reclamos a la compañía, solicitar indemnizaciones y demás.
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La segunda decisión consiste en definir el público objetivo. Establecer si se va a tratar de notas individuales para cada allegado (recurso que le permitirá experimentar con tonos, voces, caligrafías, extensiones, géneros y demás), o si prefiere, en cambio, una sola carta general, bien porque sea amante de los discursos únicos y verticales, o bien porque es la opción que mejor se ajusta a su presupuesto. En el primer caso investigamos a sus familiares, amigos y allegados para saber cómo tomarán su suicidio y en consecuencia cuál debe ser el tono de la carta. Todo con el fin de determinar qué tipo de consuelos se les puede ofrecer o si por el contrario es mejor retarlos, ofenderlos o provocarlos desde el texto.
Para los familiares que se niegan a aceptar su muerte ofrecemos un paquete que consiste en simular un viaje de negocios, un escape amoroso o un simple retiro espiritual. Nuestro equipo de especialistas analizará en detalle hechos puntuales de su vida con el fin de construir proyecciones, trazar la llamada Línea De Vida Eventual, una suerte de biografía alterna nutrida de sucesos clave que usted pudo haber realizado de seguir vivo, hechos que se reseñarán en postales, cartas, e-mails y demás correspondencia. Es un recurso que rinde frutos dependiendo de su sinceridad al rellenar el formato adjunto de perfil psicológico y es tan eficaz que podemos incluso simular una longevidad más allá de lo verosímil, en caso de que usted desee que su proyección mantenga contacto con bisnietos y otros posibles descendientes. Si le llama la atención el paquete pero no quiere llevarlo al extremo, podemos utilizarlo de manera más controlada y medida, durante un tiempo mínimo, (dos semanas, un mes, quince días) por si usted tuvo que acabar con su vida demasiado pronto pero fantaseó siempre con la idea de que su deceso coincidiera con la fecha de su cumpleaños (para hacer números redondos y facilitar las cuentas), con Navidad (para teñir de gris esas fiestas tan molestas) o con el día de santo de ese ser amado que usted pretende asegurarse que nunca lo olvide. También podemos implementar el recurso a la inversa. Si usted fantaseó con suicidarse a los trece años, pero apenas pudo llevarlo a cabo un par de décadas más tarde, podemos hacerlo realidad en la carta, decir que en efecto su deceso se produjo a esa temprana edad y que la prórroga restante fue una proyección mental de sus familiares y allegados, quienes tras el choque de su muerte precoz se inclinaron por la negación y el autoengaño, desarrollando una intrincada ficción colectiva de la que hasta ahora despiertan, gracias a la lectura. Es factible sostener que aquel que lo reemplazó durante esos dieciocho o veinte años fue un doble, una suerte de actor que pudo sustituirlo por mucho más tiempo de no haber finalizado su contrato. Para este caso es necesario que la lectura de la carta se haga post funeral y que se opte por la cámara ardiente, para que no haya forma de desmentir la versión.
Si se decide por una única carta general estándar, incluimos en el paquete la organización de un riguroso casting entre sus allegados que nos permitirá elegir al lector más adecuado (en caso de que su familia se incline por la lectura en voz alta), juzgando valores como dicción, potencia y capacidad para interpretar las emociones del documento con la mayor precisión posible, sin perder los estribos y sin llorar durante la lectura, evitando recargar de dramatismo un texto que, en nuestro concepto, debe leerse con naturalidad y contención. Aunque el énfasis principal del entrenamiento consistirá en reforzar la concentración: evitar que ese lector/vocero pasee compulsivamente la mirada por la página, contando las posibles menciones a su nombre, elaborando hipótesis que frenarán la lectura o la intoxicarán con pensamientos intrusivos. “Me nombró una sola vez a diferencia de Mariana a quien ha mencionado en una docena de ocasiones, lo que puede significar que no es que la haya querido más a ella, sino que considera que yo soy única en su vida y la mejor manera de reflejarlo es desde la contundencia del indivisible uno”. “Me mencionó treinta y ocho veces y no he terminado de leer la segunda línea, ¿qué significa eso? ¿culpa por no haberme querido sinceramente en vida o un intento de hacerme quedar mal ante los escuchas quienes ya están empezando a poner cara de no fiarse de mi lectura?”. “No me mencionó nunca, lo que significa que no le importo y no tengo por qué leer a alguien que ni siquiera se tomó la molestia de incluirme”.
Es importante también reforzar el control y la disciplina para que el vocero continúe leyendo de corrido sin importar lo que encuentre en el texto; hay lectores que tras dar cuenta de las primeras líneas tienen la impresión de que el suicidio no se ha llevado a cabo y por ende hay tiempo de impedirlo. Se tensionan y vacilan, conscientes de que puede tratarse de un espejismo infundado bien por paranoia o bien por un complejo de héroe mal llevado. La mayoría dejan tirada la carta y a su auditorio en ascuas para embarcarse en una maratónica carrera que puede llegar a desembocar en la interrupción oportuna del suicidio. Sin embargo, se trata de una maldición encubierta, porque este suicida frustrado, en el 86.1% de los casos, suele reincidir y empeñarse más a fondo hasta conseguirlo, dejando entonces otra nota (redactada en solitario o con asesoría de la competencia) en la que responsabiliza de su muerte a aquel vocero entrometido que no sólo tomó decisiones erróneas a partir de una lectura truncada (veintiocho líneas más adelante se aclaraba que la carta y el suicidio fingido eran parte de una intrincada broma privada), sino que atentó contra el “libre desarrollo de la personalidad”.  
Si bien estas lecturas suelen tener lugar en funerales, recomendamos la disposición de un espacio previo e independiente, una reunión exclusiva que en aras del pleno disfrute y el factor sorpresa, debe encubrirse bajo la figura de una visita extranjera inesperada, un babyshower, una despedida de soltero o cualquier fachada que congregue a esa familia o ese grupo de amigos desde hace meses distanciado por diferencias que no nos conciernen pero que en todo caso respetamos. También es posible que uno o varios componentes de la familia detesten la lectura en voz alta.  En ese caso se harían copias de la carta para enviarse por correo y nos aseguraremos de que en la lista de destinatarios se incluyan a todas las personas que podrían estar interesadas en recibir la misiva, porque es sabido que uno de los errores más frecuentes tiene lugar cuando se excluye a alguien. El aludido casi nunca se recupera del golpe y al no tenerlo a usted para reprocharle la falta de delicadeza, modales y etiqueta, puede tomar represalias con sus otros familiares y allegados, o incluso contra sí mismo, llegar a suicidarse de la decepción, lo cual, aunque no estaría mal para nuestro negocio, no es muy bien visto en ciertos círculos puristas y el Sindicato nos prohíbe tomar ventaja, obligándonos a incluir esta cláusula de advertencia que usted está en completa libertad de ignorar. Podemos también enviar copias de la carta a personas desconocidas, con quienes pudo llegar a coincidir de haber tomado cierto bus en lugar de taxi en ese día lluvioso, de haber aceptado tal empleo, de haber elegido sentarse en la mesa más próxima a la salida de emergencia, como se lo recomendaron siempre. Sugerimos escribir la carta en condicional y exagerar algunos logros para que esa persona que nunca llegó a conocer sepa de lo que se perdió y experimente no digamos el dolor de la muerte y la correspondiente nostalgia, pero al menos sí cierta sensación de vacío e incomodidad al respirar, que fortalece el carácter y no le hace daño a nadie. 
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La tercera decisión tiene que ver con el proceso creativo. Si bien es claro que al solicitar este folleto es usted alguien que gusta de la planificación, estudios recientes demuestran que está cobrando mayor acogida una carta que parezca improvisada. Antes del 99 la rigurosidad del plan era interpretada como rasgo de carácter y genialidad. Hoy por hoy vende más el discurso de lo intuitivo o si se quiere de la inspiración suicida, especialmente porque las cartas demasiado planificadas suelen infundir desconfianza. Como podrá imaginar, los suicidios son muertes sospechosas en sí mismas. La policía se concentra en desmentirlos y por eso busca (selecciona, esconde, planta) toda la evidencia posible para transformarlos en asesinatos encubiertos, con el fin de cumplir su cuota mensual de casos exitosos. Las empresas aseguradoras, en cambio, vuelcan todos sus esfuerzos no solo en tratar de ratificarlos, sino que se atreven a forzar la definición de suicidio para extenderla a muertes accidentales, naturales y abortos, con el fin de anular las pólizas y librarse de hacer los correspondientes pagos. Para ambos casos, la nota póstuma se constituye como la evidencia capital y nosotros, empresa líder en su producción, somos víctimas de ataques incisivos por parte de ambos bandos; sin embargo, también gozamos de la oportunidad de asimilar y aprender trucos, procedimientos para nutrir nuestra oferta de servicios.
De las aseguradoras aprendimos el lucro, la importancia de la rentabilidad. El 38.9% de los móviles suicidas están ligados a razones económicas. El 77.5% de las personas que contratan un seguro de vida no leen las cláusulas que anulan el pago de póliza cuando se comprueba el suicidio del titular. Así que si su interés es meramente económico y quiere evitarle problemas a sus sobrevivientes, se puede garantizar cierta solvencia escribiendo una carta que seduzca a los coleccionistas. Pero advertimos que para ello es necesario renunciar a sus pretensiones autorales y estar dispuesto a inyectarle al texto elementos comerciales. No podemos revelar mucho por temor a plagios por parte de la competencia, pero podemos adelantar que los patrocinios por parte de artistas musicales suelen ser un recurso efectivo que arroja dividendos instantáneos. Una canción popular seleccionada con rigor, además de la inclusión espontánea de algunas líneas de la letra en momentos clave del texto, se verán reflejados en altos índices de ventas para ese artista con quien ya habremos pactado de ante mano una comisión y/o porcentaje por copia vendida. Si usted no goza de preferencias musicales muy marcadas, disponemos de una lista de canciones (ya en nómina), clasificadas según género, tipos de instrumento, simpatías políticas de sus integrantes. La duración de la pista es primordial: una canción demasiado corta con respecto al timing de lectura puede generar un silencio incómodo o una ruptura en la atención de la audiencia lo cual desvalorizará la misiva para el mercado de subastas. Si su escritura es de largo aliento podemos contratar álbumes enteros o armar una antología mezclando varios temas vendedores hasta lograr la equivalencia, pero la precisión sólo puede garantizarse si se usa música original, lo cual tiene un beneficio doble ya que le permitirá también desempolvar esa guitarra chimeneadora que usó para conquistar a su esposa o reivindicar esas lecciones de piano que lo obligaron a tomar desde los cuatro años y que son en parte responsables de su decisión fatal. 
Aunque lo más importante al elaborar una carta rentable consiste en la depuración, evitar tanto las alusiones a su infancia como los análisis intelectualoides sobre el sentido de la vida y la muerte, la libertad de elección, lo trágico, el eterno retorno y demás tonterías que suelen ahuyentar a los compradores más acaudalados. Si bien usted es muy importante para nosotros, el lector especializado no tendrá tanta consideración y suspenderá la lectura enseguida, así que es mejor apuntarle a lo jugoso de entrada: mecanismos, móviles, técnicas, intenciones, procedimientos. Ya luego de que tenga al lector enganchado, asegurado, puede colar entre líneas lo que quiera, eso que le parece importante contar aunque no tenga el favor del lector mayoritario: anécdotas colegiales, inventario de romances, profesiones que le hubiera gustado desempeñar, pero en cualquier caso nos permitimos recomendar que bajo ninguna circunstancia, ni siquiera bajo la licencia de la digresión, se permita caer en la trampa de citar a Durkheim, Cioran o a Camus. También recomendamos abstenerse de conjugar la carta en pasado. Se venden muy bien las cartas redactadas en presente perfecto o en futuro condicional para los creyentes que esperan con anhelo un reencuentro en la otra vida.
A la policía le debemos todo lo concerniente a la autenticidad de la nota, que suele determinarse según la proximidad al cuerpo. Si la carta no se encuentra cerca en el momento del levantamiento, se tiende a interpretar como suicidio amañado o premeditado. Si está en sus propias manos o a una distancia razonable, ojalá plagada de manchas, borrones, descuidos, suele ser inapelable el fallo, difícil de desmentir su autenticidad. Por eso nos permitimos salpicar la carta de sangre, pólvora, veneno o lo que haga falta para insinuar que usted llevó a cabo la acción definitiva inmediatamente después de escribir. Muchos lectores desconfían de la carta impoluta porque los invita a pensar que el documento no contiene las últimas palabras del suicida: si tuvo la frialdad de aplazar la muerte o distanciarla lo suficiente de la escritura, perfectamente pudo también emitir discursos apócrifos, de manera informal, al solicitar el café o el cigarrillo que usó para amenizar la espera mientras la oficina de correos iniciaba su horario de atención. Así pues, nos permitimos elaborar pequeños mensajes que haremos llegar a sus familiares con posterioridad y de manera gradual para alimentar esta sospecha de palabras finales perdidas o incompletas, construyendo un suculento epílogo que mantendrá vivo el interés de ese familiar paranoico adicto a las conspiraciones. Formalmente hablando recomendamos la frase corta y truncada, para que la pesquisa mental, el ejercicio hipotético/retrospectivo del lector sea más estimulante.  “…tendríamos que averiguarlo para verificar que…”, “… no creo que sea posible pero déjeme su tarjeta y…”, “… es cierto, sobre todo teniendo en cuenta…” (Espacio para su nombre, fecha y hora). Podemos hacerlo así, de manera certera, explosiva y frustrante, en una píldora ultra comprimida que permita imaginar toda la situación circundante como el lector prefiera, o también, para aquellos menos imaginativos y que gustan de lo explícito, podemos desarrollar conversaciones encubiertas bajo la figura de la transcripción telefónica, argumentando que la policía intervino la línea de un sospechoso importante, a quien usted llamó como consecuencia de una marcación aleatoria, buscando desahogarse con un completo desconocido inhabilitado para emitir juicios y reproches. Esta opción no nos gusta tanto por considerarla truculenta y rocambolesca, pero es una de las favoritas de los clientes y mal haríamos en cuestionar sus gustos.
El soporte en el que se escribe también es importante pero hay que enfocarlo adecuadamente. Los redactores neófitos buscan asesoría en papelerías donde les ofrecen diferentes gramajes según necesidades comerciales prediseñadas. Bond .34 para absorber mejor la tinta y no generar borrones, papeles adhesivos para fijarlos en la mesa de trabajo, papeles inmunes a la humedad por si gusta mojar la palabra mientras redacta, papel origami por si prefiere separar las ideas por dobleces, papel reciclado por si desea alardear de su conciencia ambiental. No obstante, está demostrado que el soporte de registro es más creíble cuanto más cotidiano sea. Los suicidas auténticos suelen escribir en el papel que tienen a mano según el oficio que desempeñen a diario. Se esperará que un estudiante utilice una hoja de cuaderno y que un oficinista redacte en papel membretado. Así que distanciándonos de las sugerencias superficiales del mercado genérico, ofrecemos un paquete donde simulamos que su decisión suicida tuvo lugar durante la escritura de otro texto, como lo puede ser una misiva amorosa, un documento de queja para la administración del edificio, un informe estudiantil o una hoja de vida; de manera que la carta puede comenzar con un estilo de estos, muy formal, muy amoroso, muy optimista, muy protocolario, y de un momento a otro, a la vuelta de una frase, de una palabra o incluso durante el trazado de una tilde o un signo de puntuación, virar de tono y convertirse en una carta de suicidio que no solo servirá como texto multipropósito sino como registro de eso que la mayoría de los dolientes buscan en vano durante años: el momento exacto en que usted tomó la decisión.  “Queridos señores tales, por medio de la presente nos permitimos invitarlos a nuestra boda, es muy importante que estén con nosotros acompañándonos aunque pensándolo bien no vengan porque ya no me quiero casar, de hecho no solo no me quiero casar, me quiero morir, así que ya que empecé a escribir esto, aprovecharé para no cambiar de papel ni de bolígrafo, no perder el impulso”. 
Algunos suicidas optan por hacer todo aquello de lo que se privaron en condiciones normales.  El 85.4%  de estas acciones de desahogo se concretan en compras extravagantes: automóviles de alta gama, obras originales de expresionistas abstractos, finca raíz. Otro tanto tiene que ver con la adquisición de experiencias: saltos en paracaídas, viajes relámpago, comidas exóticas. Las facturas, recibos y demás soportes físicos de estos excesos se pueden considerar como cartas póstumas muy verosímiles, pero también como evidencia de que hubo cierta planificación del suicidio, así fuera mínima y a corto plazo: semana y media, seis días, catorce horas. Tanto las aseguradoras como la policía son implacables en este aspecto. Sugerimos darle la vuelta al asunto y usar este tipo de documentos a su favor, componiendo la misiva póstuma a partir de registros, recibos y facturas cuyo análisis demuestre que usted no tenía intención de suicidarse dado que había realizado, por ejemplo, una costosa reserva en un teatro o en un restaurante de lujo, había enviado un mensaje de texto indicando a su pareja que lo esperara en la taquilla (“…puedes ir comprando las boletas, pero no entres sin mí”), o había solicitado un servicio al supermercado del vecindario encargando lácteos, cárnicos y otros productos perecederos.
Todo lo anterior asumiendo que quiere pasar desapercibido, pero si lo que requiere es notoriedad pública podemos crear el efecto de que su suicidio es parte de una cadena o una serie, buscar otros suicidios producidos en la zona, en fechas cercanas o siguiendo patrones que de no ser evidentes, nuestros numerólogos de nómina se encargarán de construir. Lo importante es generar matrices, mapas de coordenadas, coincidencias por fechas, puntos en común, listados o cualquier otro tipo de conexión fácilmente identificable, de donde se pueda deducir un patrón, para que la policía piense que de haberlo “descubierto” a tiempo usted seguiría con vida. Se propondrán entonces evitar repetir el error y encontrar al siguiente suicida potencial/serial, y una vez identificado se encargarán de seguirlo 24/7 para evitar que continúe la cadena. Publicarán el caso en los periódicos incluyendo su carta o fragmentos de la misma, aunque también puede que lo mantengan en secreto para proteger su identidad y el buen nombre de su familia o al menos así lo afirmen en declaraciones, cuando lo cierto es que no lo mencionarán para llevarse todo el crédito porque es muy vergonzoso que un muerto con el perfil víctima-informante-cómplice les haya resuelto el caso.
También podemos insinuar que su carta ha sido escrita por usted pero a la fuerza, llenarla de inconsistencias de manera que los lectores que mejor lo conocen no tengan más remedio que sospechar que su asesino lo ha obligado a redactar. Esto generará que un sector minoritario de sus familiares dedique varios años a una pesquisa que se antojará como infructuosa hasta que sembremos pistas de nuevo; lo suficientemente claras para revivir el ánimo pero lo suficientemente vagas como para que no lleguen a nada concluyente. Algunos de nuestros clientes han solicitado este paquete para retractarse luego, porque se sienten culpables al imaginar a sus sobrevivientes perdiendo tiempo. Sin embargo, está demostrado que el duelo se lleva a cabo de manera más saludable y plena cuando se acompaña de una tarea titánica. Así mismo, garantizamos que los familiares y amigos que se enfrasquen en la pesquisa (podrá seleccionarlos usted mismo o dejarle la tarea a nuestro personal) estarán tan ocupados y entretenidos que no tendrán tiempo de seguir su ejemplo.
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Como podrá apreciar, generar el efecto de carta improvisada implica desarrollar un plan aún más riguroso y elaborado, para que no se noten las huellas y pasen desapercibidas las costuras. En ese sentido nosotros también debemos tomar una decisión suicida.  El paquete incluye instrucciones precisas para que destruya todo lo que lo vincula con la compañía: facturas, cotizaciones, versiones anteriores de la carta, borradores e incluso este mismo folleto.